Hoy es nuestro último día; nos levantamos muy pronto y comenzamos nuestra última ruta y siento en el alma no poder quedarme un par de días más. Falta recorrer el valle de Tragaplata, que también es grande, bonito y tiene muchas lagunas; no obstante, aprovecharemos para verlas desde lo alto. Hoy recorreremos las lagunas Belacho, las Piezadas, las Ancadas y, a lo lejos, veremos el valle de Tragaplata y sus lagunas.
Comenzamos a caminar por el lado izquierdo de la laguna de Quishuar y llegamos nuevamente al río que une las dos lagunas: Quishuar y Rinconada, cruzamos el río y empezamos a subir la montaña. Poco a poco fuimos ascendiendo hasta llegar a la primera laguna de nombre Belacho. Tranquila, amplia, transparente… casi circular y con mucha vida animal (patos, aves que desconocemos, truchas…), está algo escondida justo al pie de una montaña de roca y monte espeso al borde de una parte de la laguna. Queremos dar la vuelta entera a la laguna, pero hay una parte que la vegetación no nos deja.
Antes de seguir subiendo, cogemos un pequeño desvío para dirigirnos a ver el valle de los Chochos (altramuces). Este valle hace frontera con el Parque Nacional del Río Abiseo y desde lo alto podemos disfrutar de este maravilloso valle con el río haciendo hermosos meandros. Cuanto más profundizamos en la montaña, más virgen está todo. Seguimos ascendiendo; ahora nos dirigimos hacia la montaña más alta del Quishuar. En pleno ascenso nos encontramos con otras dos lagunas enclavadas en plena altura. Están casi juntas, de ahí el nombre de las Piezadas.
Las lagunas recogen el agua de la montaña alta y se alimentan la una de la otra; ¡son tan naturales, místicas y tan acogedoras que no quería irme de ese rincón mágico! Según Jesús (guía), esta zona es desconocida incluso por la gente de la zona. Las lagunas no se ven de lejos; están en una plataforma ya arriba de la montaña. Aquí, al no haber bosque, no vemos aves en las lagunas; lo que sí comenzamos a ver en la zona son pajonales que, por suerte, en esta zona no están quemados y miden metro y medio más o menos. Continuamos subiendo a la cima de la montaña para pasar al otro lado del cerro (detrás) y ver el valle de Tragaplata.
La subida es dura, ya no hay camino; seguimos a Jesús, que nos lleva por la senda de los osos, encuentra rastro de un oso que va delante de nosotros. Nos embarga la emoción y nos olvidamos de que hemos pasado los 4500 metros de altura. Esta zona, al estar en la parte alta de la laguna y en todo lo alto de esa montaña, estamos ya en la zona que pertenece a Patáz, un lugar muy desolado y virgen. La vegetación de esta montaña es autóctona (orquídeas, flores muy peculiares, valeriana (una variedad distinta; dicen que su infusión es alucinógena), una especie de cactus en miniatura (8 a 10 centímetros aproximadamente), mucho pajonal y viento. Tengo que decir que al llegar a la cima miré a mi alrededor y le di a mis ojos el mejor regalo del viaje. ¡¡¡Qué pasada!!! 360°, el mejor mirador que he visto hasta ahora. Ríos, quebradas, cascadas, valles, lagunas… todo de un solo golpe de vista.
Seguimos la ruta y ya en el otro valle comenzamos a descender; lo primero que vemos a lo lejos es el río Marañón. Comenzamos a descender y nos encontramos con dos lagunas con una forma muy peculiar, otro “rincón mágico”. Después de una dura bajada, llegamos a una zona llana donde acababa de comer el oso. Jesús empezó a seguirlo, pero no encontró nada. Continuamos bajando y nos vamos acercando a las lagunas que se llaman las Ancadas. Están a distinto nivel: La primera está justo debajo de una peña negra inmensa, recoge el agua de la peña en forma de manto blanco y la otra está a 50 metros más abajo recogiendo el agua en forma de cascada de la primera laguna. Rincones mágicos como estos ninguna descripción les hace justicia. Me preguntaba muchas veces qué he hecho para merecer ver tanta belleza, tanta perfección… ¡¡en medio de una inmensidad y una soledad absolutas!!
Después de disfrutar del entorno, es momento de continuar con la ruta; subimos al “Cerro Bola”, el último mirador antes de volver al valle de la Laguna del Quishuar para empezar a descender. Este es otro mirador que nos da una perspectiva de todas las lagunas en el valle de Tragaplata: lagunas Capadora, Tragaplata, Jerga, Barrosa, laguna del Toro, y volvemos a ver otro tramo del Camino Inca, que atraviesa las lagunas y continúa con dirección al Gran Pajatén. Momento de fotos, vídeo y de disfrutar del último y mejor mirador de este valle. Girando en círculo, se podía dominar todo el paisaje a nuestro alrededor: montañas de cinco mil y pico metros, ríos, quebradas profundas, amplios valles y, por supuesto, vegetación autóctona.
El tiempo apremia y el descenso es muy pronunciado, así que seguimos la ruta. Hay que bajar hasta llegar a la laguna de Quishuar para terminar cruzando el río y hacer el recorrido circular. Esta fue una ruta dura, la más dura de los 7 días de recorrido por el Quishuar de Agucha, pero sin duda una de las mejores rutas que he hecho. Este viaje lo llevo en mi corazón, mi retina y, por supuesto, en mi memoria.