Mi reencuentro con la Tierra. Quishuar de Agucha

Entre gigantes de piedra, agua, viento y un manto verde de vegetación:
Quishuar

Tabla de contenidos

  • 🏕️ Introducción

    Hay viajes que no se buscan, sino que parecen llamarnos desde algún rincón del mundo. La laguna del Quishuar, escondida entre los Andes del norte peruano, es uno de esos lugares que parecen surgir de un sueño. Para llegar hasta allí no basta con mapas ni caminos marcados: se necesita la guía de los pastores que conocen sus montañas, la paciencia de las mulas que cargan provisiones y el ánimo dispuesto a rendirse ante lo desconocido. Durante siete días caminé entre valles y cumbres, siguiendo senderos donde el silencio pesa tanto como el aire enrarecido de la altura. Al final de cada jornada, el frío de la noche caía de golpe, recordando que la naturaleza en este rincón es tan bella como desafiante. Gracias a un cargador solar pude salvar del olvido las imágenes de este viaje, aunque ninguna fotografía alcanza a contener la magnitud de lo que sentí: la soledad inmensa, el reflejo del cielo en las aguas quietas y la certeza de estar, por un instante, en un lugar al que muy pocos han llegado. El Quishuar no es solo un paisaje: es una experiencia que se queda tatuada en la memoria, un secreto compartido entre el viajero y la montaña.

  • 🌄 Ubicación

    Los Andes, departamento de La Libertad (Perú)

  • 📍 Cómo llegar

    Solo con guías o pastores locales, usando mulas para provisiones.

  • ⚡ Dificultad: Alta

    Requiere buena forma física y experiencia en montaña

  • ⏳ Duración del viaje:

    8 días (ida, estancia y regreso)

Quishuar

Camino Inca

Desde San Francisco hacia Huarungate. Vista del valle y el río.

Cruzando el río Tragaplata.

Río que viene del valle de la Laguna Tragaplata.

Laguna del Quishuar

Con los primeros rayos del sol

  • 🌡️ Clima:

    Días templados, noches muy frías (descensos bruscos de temperatura por la noche y minutos de lluvia inesperados incluso con pleno sol).

  • 🗻 Altitud:

    3.800–4.300 m s. n. m.

  • 🥾 Recomendaciones

    Ir siempre acompañado de gente local Ropa de abrigo para temperaturas bajo cero Hidratación constante y prevención del mal de altura Mulas de carga para provisiones Cargador solar o baterías externas

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Mirador hacia el valle de Tragaplata y vista de las lagunas Ancadas y Tragaplata.

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Lagunas Quishuar y Rinconada haciendo la ruta circular por la laguna Rinconada.

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Ascendiendo hacia la laguna Belacho, dejamos atrás las dos lagunas grandes.

Localización geográfica.
Perú – La Libertad, Bolívar: el Quishuar.

Primer día. Salida de Trujillo con destino a Huamachuco y Condormarca, pueblo de donde parte la ruta. En esta aventura me acompaña mi hermana Míriam; gracias a ella se hizo realidad mi sueño: conocer el Quishuar. Al llegar a Condormarca, ella ya tenía todo organizado: desde comida para 8 días, los guías locales y las mulas. 

Segundo día. Salimos de Condormarca a las 8 de la mañana y llegamos al Quishuar a las 19 horas a la cabaña de Francisco. En esta aventura nos acompañaron un matrimonio (con su hija Flor de 14 años), Jesús, Panchita y Flor, quienes fueron nuestros guías durante los ocho días. 

El viaje de ida y vuelta se hace en gran parte por el Camino Inca que pasa por la parte alta de Condormarca, sigue por el alto de San Francisco, baja al valle de Huarungate, cruza el río Quishuar y continúa por el valle de la laguna Tragaplata para adentrarse en el Gran Pajatén y continuar por la red de caminos inca de la zona. 

Nosotros cogemos el Camino Inca que pasa por el alto de San Francisco, montaña majestuosa de 4500 metros sobre el nivel del mar. Seguimos el camino y comenzamos a bajar al valle Huarungate con unas vistas majestuosas del río haciendo meandros a lo largo de todo el valle. El descenso dura aproximadamente una hora hasta el puente; estamos cansados y tenemos que parar a comer nosotros y las mulas.

Una vez que hemos recuperado energía, continuamos el viaje cruzando el río para de lleno entrar en el Quishuar. Me sorprende ver tramos del Camino Inca que están bien conservados y que son utilizados por las personas de la zona. Continuamos el camino y ya en el Quishuar cruzamos el primer río; cogemos el desvío a la izquierda que nos lleva a las lagunas. Aquí tuvimos un incidente: el caballo se asustó y Míriam terminó en el suelo; menudo golpe se dio la pobre. 

Seguimos caminando para llegar al río Tragaplata y en el trayecto ¡vemos toda la zona quemada! Están cambiando la vegetación autóctona por eucalipto. Cruzamos el río y, cómo no, sorpresa… Nos encontramos con unas cabañas de la empresa minera “La Poderosa”. Esta empresa tiene un proyecto para construir una hidroeléctrica, motivo por el cual están quemando y arrasando la vegetación autóctona. Qué pena… Ya nada será igual: quemar la vegetación de la zona es la forma más cruel de destruir nuestro planeta. Las minas allí donde van contaminan y más en estos sitios tan lejanos y aislados como este. Aquí nadie les pide cuentas.

Para llegar al albergue (choza), nuestro hospedaje, nos falta todavía un buen recorrido; tenemos que seguir el valle por la orilla del río hasta llegar a la laguna. Aquí tenemos que volver a cruzar el río y no hay puente, así que lo hacemos en mulas. Ya en el otro lado comenzamos a caminar por la orilla de la laguna porque el monte espeso de montaña no nos permitía el paso. Después de 100 metros por el agua, nos adentramos en el bosque con una vegetación impresionante (árboles centenarios, bromelias, flores de todo tipo y muchos colibríes disfrutando del néctar de las flores y de la tranquilidad del lugar). Continuamos la senda con mucho barro al salir del bosque y nos encontramos con el río Contadera; bajamos por su margen derecho hasta llegar a la choza (junto a la laguna del Quishuar) que nos dará cobijo durante los ocho días.

En la montaña, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, casi siempre llueve. Llegamos mojados y cansados, pero el placer de recrear la retina durante el largo viaje y la buena convivencia del grupo superaron con creces mis expectativas del primer día. Para finalizar el día, había que preparar la cena y nos repartimos el trabajo: Jesús a coger leña, Panchita a preparar el fuego, Flor, Míriam y yo fuimos a pescar truchas. Yo pesqué una, Míriam ninguna trucha y Flor media docena; gracias a ella cenamos de maravilla.

Tercer día. Ruta circular por la laguna del Quishuar. Nos levantamos pronto; Panchita nos preparó un desayuno muy contundente dado que nos esperan días duros: son rutas en las que en la mayoría no hay camino. Sobre las 7.30 comenzamos la ruta por la parte derecha de la laguna, deshaciendo un tramo del camino del día anterior para luego cruzar el río Quishuar. Subimos por una senda visible, viendo cascadas y todo el entorno de la laguna; hacemos un descanso en una cueva y aprovechamos para comer, refugiarnos de la lluvia.

Continuamos por una zona de pedregal (rangra); es una ladera muy empinada con mucho desnivel. Ya en la parte alta tenemos una visibilidad de todo el valle; vemos nuestra cabaña al otro lado de la laguna, la tenemos justo al frente de nosotros, momento perfecto para detenernos a recrear la vista y hacer fotos de toda la zona. Una vez descansados, continuamos con la ruta que nos lleva hasta la laguna seca; esta zona es impresionante: es todo turberas (se mueve como un colchón de agua) y una vegetación que se mantiene intacta. Estamos en la zona más alta, a 4,300 metros más o menos; momento de mirar nuevamente alrededor y hacer todos los vídeos y fotos que nos apetezca. 

Ahora nos toca hacer el descenso hasta llegar al río que une las dos lagunas más grandes. La Rinconada y Quishuar, hay mucho desnivel en la bajada, así que nos lo tomamos con calma. Nuestro tercer día fue de lujo, sin ningún incidente, y me fui a la cama con mucha expectación por saber qué me tenía preparado el cuarto día.

Cuarto día. Subida a la laguna Contadera. Fue un día de descanso, recorrido corto, baños y pesca. Jesús se fue en busca de venados, regresó tarde y no trajo nada. Las cuatro chicas subimos siguiendo el curso del río Contadera; queríamos pescar, pero ese día no tuvimos suerte, no pescamos nada. Al llegar a la laguna, Míriam se bañó bajo un sol espléndido que duró pocos minutos. Luego seguimos subiendo hasta la choza de Américo (dueño del valle de Contadera).

En mi ansia de no perder ni un minuto, comienzo a caminar montaña arriba para ver mejor el paisaje y visualizar más el valle. Sigo subiendo y casi llego a ver el alto de San Francisco. Me detuve porque llovía mucho, tenía las botas caladas y estaba sola. La soledad es tan abrumadora y el rugido del viento impone. En cuanto terminé de hacer videos y fotos del paisaje con lluvia y niebla, comencé el regreso, todo cuesta abajo con mucho desnivel. En cuanto me reuní con mis compañeras, apuramos el regreso para aprovechar el sol y cargar los móviles y las cámaras.

Nota. Tengo que hacer una aclaración que es muy importante, sobre todo para las personas a las que nos gusta hacer sedentarismo. Cuando hablo de baterías, me refiero a cargar el móvil y la cámara de fotos. A 4000 metros de altura, donde no hay nada y el cambio de temperatura entre la noche y el día es brutal, las baterías y las pilas amanecen descargadas. Motivo por el cual hay pocas imágenes de esa zona. Por suerte fui preparada: me llevé un cargador solar. ¡¡Qué maravilla de invento!! Es como una pequeña manta que se extiende sobre la mochila o una superficie lisa y con los rayos solares se van cargando directamente el móvil o la cámara. Fue un día tranquilo y placentero.

Quinto día. Nos levantamos temprano y salimos en dirección a la laguna de la Rinconada. Nuestro refugio está ubicado más o menos en la mitad de la laguna del Quishuar, así que esta vez tenemos que continuar el valle hacia el fondo, donde está la otra laguna (igual de grande y mucho más virgen), la Rinconada. Yo voy por la parte alta de la montaña para hacer fotografías; voy casi sola todo el tiempo, aunque no les pierdo de vista en ningún momento porque mis compañeros se han quedado buscando carnaza (lombrices) para las truchas y luego se han puesto a pescar. 

Como ya he dicho antes, hay tramos en que el camino se hace al andar y, siguiendo el camino que hacen los animales, he llegado a la Rinconada un poco cansada, pero al ver que todo es tan abrupto y salvaje, no podía perder tiempo, así que esperé a Míriam, que también llegó cansada. Descansamos diez minutos y yo decidí subir un poco más la montaña para tener más visibilidad del entorno. Aquí tengo grabado uno de los videos más bonitos de la zona, las imágenes que no hacen justicia a esta maravilla de la naturaleza. Una cantidad de afluentes (ríos) que salen de todas partes para dar forma a la laguna. La Rinconada. Por cierto, estamos muy lejos y pisando suelo del Parque Nacional del Río Abiseo.

Comemos y, ya descansados, vamos en busca de otra maravilla. Las Nietas (Laguna Seca) y la parte boscosa de Peña Negra. Nos cuesta mucho subir; está ubicada en un rincón donde solo pueden subir venados (ciervos) y osos. Es una zona inaccesible… vamos buscando el camino que hacen estos animales. La única pega que le pongo a este sitio es que una parte de este paraje está quemada; por lo demás, merece la pena llegar hasta ese sitio, tiene un mirador espectacular, está ubicado en la parte superior de la montaña y al fondo del valle. Es uno de esos «rincones mágicos» que está escondido y con una vegetación que no la encuentras en toda la zona.

El sitio es totalmente virgen, se encuentra en una pequeña plataforma escondida y de difícil acceso; al llegar, nos da la bienvenida una laguna llena de vegetación lacustre rodeada de riachuelos; cae el agua por todas partes en forma de pequeñas cascadas y con la caída del agua se han formado meandros profundos y transparentes dentro de la laguna. Es un sitio tan inaccesible que aquí no hay ni truchas; las cascadas son muy pronunciadas y las truchas no pueden subir por el desnivel del agua.  ¡Qué maravilla de lugar! Aquí no existe alteración por parte del hombre ni en el bosque ni en la laguna.

Saliendo ya de este rincón maravilloso, nos encontramos en una plataforma, un mirador con vistas de todo el valle y las lagunas Rinconada y parte de la del Quishuar. El paisaje y las vistas panorámicas son impresionantes, difíciles de describir. Hay tanta emoción, tanto placer y a la vez tanta soledad e inmensidad que por momentos me sentía una intrusa en ese paraje virgen e idílico. Este sitio, al ser de difícil acceso, si acaso ha pasado por aquí algún cazador en busca de venados y poco más. 

La vuelta la hacemos por la parte superior de la laguna; de esta manera hacemos la ruta circular rodeando la laguna. El placer del disfrute sigue; ahora, por fin, hemos encontrado una pequeña senda que nos lleva casi al final de la laguna, no sin antes sentarnos un momento a meditar en medio de una inmensidad y una soledad absoluta. Hacemos fotos y videos para luego comenzar el descenso hacia el río que une las dos lagunas. La bajada tiene un desnivel de 400 metros más o menos, pero como íbamos distraídos disfrutando del entorno, fue fácil llegar al río. 

Nada más llegar nos ponemos a pescar, con éxito esta vez, para luego cruzar el río. Jesús carga a Panchita para cruzar el río y se caen al agua los dos; Míriam, Flor y yo cruzamos por un puente hecho de 3 palos… toda una aventura. De camino al refugio nos llevamos las vacas; hay que poner el bozal (chiquerear) al ternero para la leche del desayuno. Otra odisea: las vacas no quieren ir con nosotros por el camino (hay mucho barro) y prefieren ir por la orilla de la laguna; hay tramos en que el agua les llega hasta las ubres, pero les da igual. Cada día que pasa voy acumulando cansancio; es mucho el desnivel que hacemos todos los días, pero mi optimismo al final del día siempre es el mismo. Tranquilidad y satisfacción por culminar otro día sin altercados.

Sexto día. Este día nos separamos; Míriam y Flor se quedan en el refugio, Jesús, Panchita y yo subimos por la laguna Contadera con la intención de rodear toda la laguna. Comemos y Panchita regresa a Condormarca acompañada de su perro.
Jesús y yo continuamos la subida y nos dirigimos a ver Pampa Hermosa: es otro valle que está dentro del Parque Nacional del Río Abiseo. Subimos a mitad de la montaña (ladera) rodeando la laguna hasta llegar al fondo del valle de Contadera y arriba de la montaña, desde donde se ven los dos valles, lagunas y todas las montañas y el valle de Pampahermosa. Hacemos fotos, hay niebla en las cumbres y el panorama del sitio es magnífico, con una belleza paisajística de flora y fauna imponentes. Fue un día perfecto porque nos acompañó el sol casi todo el día. 

Comenzamos el regreso y lo hicimos en forma circular para poder visualizar la parte contraria de la montaña y de la laguna Contadera. En el trayecto de la ladera llegamos a una zona rocosa y nos encontramos vizcachas tomando el sol (son roedores muy difíciles de localizar, tienen un pequeño parecido a una liebre). Jesús las quiso matar, pero, por suerte, ¡la escopeta no funcionaba! Se había pasado 4 días cargando una escopeta estropeada. Después de fotografiar y grabar las vizcachas, continuamos rodeando la laguna. ¡¡¡Qué maravilla!!! Ese día llegamos nuevamente a los 4500 metros sobre el nivel del mar. Unas vistas panorámicas impresionantes: desde el “Cerro Contadera” volvemos a tener debajo de nosotros las tres lagunas; detrás está la laguna Contadera y delante una panorámica de las Lagunas Quishuar y Rinconada.  Sin temor a equivocarme, diría que este es uno de los mejores miradores de las lagunas del Quishuar. 

Un día duro, sobre todo para las rodillas, porque ahora toca bajar un desnivel de casi 700 metros. Llegamos casi de noche y yo muy pero muy cansada y a la vez exhausta de tanta belleza. Esta ruta es casi toda de miradores, todo un regalo para la retina y las imágenes. 

Séptimo día. Hoy es nuestro último día; nos levantamos muy pronto y comenzamos nuestra última ruta y siento en el alma no poder quedarme un par de días más. Falta recorrer el valle de Tragaplata, que también es grande, bonito y tiene muchas lagunas; no obstante, aprovecharé para verlas desde lo alto. Hoy recorreremos las lagunas: Belacho, las Piezadas, las Ancadas y a lo lejos veremos las lagunas del valle Tragaplata, Barrosa, Jerga, Capadora y Toro. Comenzamos a caminar por el lado izquierdo de la laguna de Quishuar y llegamos nuevamente al río que une las dos lagunas: Quishuar y Rinconada, cruzamos el río y empezamos a subir la montaña. Poco a poco fuimos ascendiendo hasta llegar a la primera laguna de nombre Belacho. Tranquila, amplia, transparente… casi circular y con mucha vida animal (patos, aves que desconocemos, truchas…). 

Antes de seguir subiendo, cogemos un pequeño desvío para dirigirnos a ver el valle de los Chochos. Este valle hace frontera con el Parque Nacional del Río Abiseo y desde lo alto podemos disfrutar de esta maravilla de valle con el río haciendo hermosos meandros. Cuanto más profundizamos en la montaña, más virgen está todo.  Seguimos ascendiendo; ahora nos dirigimos hacia la montaña más alta del Quishuar. En pleno ascenso nos encontramos con otras dos lagunas enclavadas en plena altura. Están casi juntas, de ahí el nombre de las Piezadas. 

Las lagunas recogen el agua de la montaña alta y se alimentan la una de la otra; ¡son tan naturales, místicas y tan acogedoras! Que no quería irme de ese rincón mágico. Según Jesús (guía), esta zona es desconocida incluso por la gente de la zona. Las lagunas no se ven de lejos, están en una plataforma ya arriba de la montaña. Aquí, al no haber bosque, no vemos aves en las lagunas; lo que sí comenzamos a ver en la zona son pajonales que, por suerte, en esta zona no están quemados y miden metro y medio más o menos. Continuamos subiendo a la cima de la montaña para pasar al otro lado del cerro (detrás) y ver el valle de Tragaplata. 

La subida es dura, ya no hay camino; seguimos a Jesús, que nos lleva por la senda de los osos, encuentra rastro de un oso que va delante de nosotros. Nos embarga la emoción y nos olvidamos de que hemos pasado los 4500 metros de altura. Esta zona, al estar en la parte alta de la laguna, pertenece a Patáz y es un lugar muy desolado y virgen. La vegetación de esta montaña es autóctona (orquídeas, flores muy peculiares, valeriana (una variedad distinta; dicen que su infusión es alucinógena), una especie de cactus en miniatura (8 a 10 centímetros aproximadamente), mucho pajonal y viento. Tengo que decir que al llegar a la cima miré a mi alrededor y le di a mis ojos el mejor regalo del viaje. ¡¡¡Qué pasada!!! 360°, el mejor mirador que he visto hasta ahora. Ríos, quebradas, cascadas, valles, lagunas… todo de un solo golpe de vista. 

Seguimos la ruta y ya en el otro valle comenzamos a descender; lo primero que vemos a lo lejos es el río Marañón. Comenzamos a descender y nos encontramos con dos lagunas con una forma muy peculiar. Después de una dura bajada, llegamos a una zona llana donde acababa de comer el oso. Jesús empezó a seguirlo, pero no encontró nada. Continuamos bajando y nos vamos acercando a las lagunas que se llaman las Ancadas. Están a distinto nivel: La primera está justo debajo de una peña negra inmensa, recoge el agua de la peña en forma de manto blanco y la otra está a 50 metros más abajo recogiendo el agua en forma de cascada de la primera laguna. Rincones mágicos como estos ninguna descripción les hace justicia. Me preguntaba muchas veces qué he hecho para merecer ver tanta belleza, tanta perfección… ¡¡en medio de una soledad absoluta!!

Después de disfrutar del entorno, es momento de continuar con la ruta; subimos al “Cerro Bola”, el último mirador antes de descender. Este es otro mirador que nos da una perspectiva de todas las lagunas en el valle de Tragaplata: lagunas Capadora, Tragaplata, Jerga, Barrosa, laguna del Toro, y volvemos a ver otro tramo del Camino Inca, que atraviesa las lagunas y continúa con dirección al Gran Pajatén. Momento de fotos, vídeo y de disfrutar del último y mejor mirador de este valle. Girando en círculo, se podía dominar todo el paisaje a nuestro alrededor: montañas de cinco mil y pico metros, ríos, quebradas profundas, amplios valles y, por supuesto, vegetación autóctona. 

El tiempo apremia y el descenso es muy pronunciado, así que seguimos la ruta. Hay que bajar hasta llegar a la laguna de Quishuar para terminar cruzando el río y hacer el recorrido circular. Esta fue una ruta dura, la más dura de los 7 días de recorrido por el Quishuar de Agucha, pero sin duda una de las mejores rutas que he hecho. Este viaje lo llevo en mi corazón, mi retina y, por supuesto, en mi memoria.

Octavo día. Nos toca regresar a Condormarca para coger el transporte hacia Trujillo. Fue un viaje agradable, aunque esta vez me tocó a mí caerme de la mula. Por suerte, caí encima de una mata de pajonal que amortiguó el golpe y no me hice daño. Cuando hacemos rutas de único sentido, al volver por el mismo camino, la perspectiva del paisaje es diferente; tal vez por eso disfruté más viajando por el Camino Inca. Con una gratitud infinita a todo lo que me rodeaba por pasar unos días inolvidables en este hermoso, encantador, abrupto y desafiante Quishuar. 

Lagunas de Quishuar y Rinconada

Lagunas las Juntitas

Collado del Valle de Contadera

Laguna Belacho

Camino de Calemar

Lagunas la Ancadas

Reflexión final

El Quishuar no se deja poseer. No es un lugar al que se llegue sin más, ni un paisaje que se consuma con la mirada. Permanece ahí, silencioso y antiguo, como si llevara siglos esperando a que alguien llegue sin prisa y sin expectativas. Cuando te marchas, comprendes que no has sido tú quien lo ha descubierto, sino al revés: es el Quishuar el que te ha observado durante un instante.

Hay sitios que no necesitan ser explicados ni fotografiados en exceso. Basta con haber estado. Basta con recordar el frío del aire, la quietud del agua, esa sensación difícil de nombrar que se instala en el pecho y no se va. El Quishuar pertenece a esos lugares que no gritan su belleza, que no se exhiben: simplemente existen, ajenos al ruido del mundo.

Quizá por eso cuesta tanto hablar de él sin traicionarlo. Porque lo verdaderamente importante no es cómo es, sino lo que provoca. Y lo que deja, una vez que el camino de vuelta comienza, es una certeza suave, pero persistente: hay rincones del planeta que todavía conservan el poder de detenernos, de hacernos pequeños y, al mismo tiempo, profundamente vivos.

El Quishuar no se visita. Se guarda.

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2 respuestas

  1. Una narrativa muy detallada para quienes aman el senderismo y estan en busca de lugares tan bellos pero poco conocidos.. Gracias por difundir tan bellos paisajes Peruanos.

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